A
las dos semanas de registrar copy de cuanto investigado y que he sintetizado
en este CD, un 10% de mi libro, apareció la primera confirmación oficial de
cuanto he expuesto, el FBI desclasificó un archivo
secreto referente a Hitler en junio de 1998.
De
las 745 fojas top secret sólo 12 resultan interesantes y muy contadas
personas podrían sacar provecho de ellas.
Todos
los informes están dirigidos al director del FBI, John
Edgard Hoover, el primero en orden de tiempo, fechado 14
de agosto de 1945 está rubricado como el Nº 374 y 375; del
memorandum se desprende que hubo una detallada información referente al
desembarque de Hitler desde dos submarinos en una solitaria playa patagónica
cerca de San Antonio, y que tras el desembarque hubo un largo viaje hacia los
Andes, el grupo que lo acompañaba se refugió en un ranch donde a la fecha se
encontraría, involucrados había oficiales de alto rango argentinos ya desde
1944. De acuerdo a informaciones Hitler se había afeitado y que él mismo (el
testigo) estaría dispuesto para guiar un grupo para apresar a Hitler.
Hay
que decir que este memorandum está censurado como los demás desclasificados,
algunos hasta completamente,
pero igual resulta clarísimo, como otro fechado cinco semanas después, el 21
de setiembre de 1945, sus fojas lleva los Nº 2; 3 y 4, el mismo es
una ampliación del anterior del 14 de agosto.
El
más interesante detalle es que si se organizara un raid de comandos tendría
que contactarse con un hombre que lo esperaría en un hotel de San Antonio y
que el destino final a donde irían está fuertemente protegido y por ende ese
grupo debe arriesgar su vida yendo allí.
Si
estos dos documentos resultan llamativos en la óptica de mi investigación
hay otros dos que no lo son menos, uno está fechado el 21
de agosto 1945 y rubricado con el Nº 369; otra fuente no relacionada
con las anteriores repite que en un ranch en la base de los Andes Hitler
reside en aquel tiempo con sus secuaces.
A
los cuatro días llega al director del FBI otro memo fechado el 25
de agosto que tiene el Nº 520 y521; este documento destaca que había
una variedad de informaciones insistiendo que Hitler y varios de sus asociados
se estaban refugiando en la Argentina y se considera que se está intentando
detener a estos criminales de guerra pero se cree que nunca serán detenidos.
Otro
asombroso documento, redactado por el general Ladd, jefe residente del OSS en
la Argentina, fechado casi un año
antes, el 4
de setiembre de 1944, fue dirigido al director del FBI, su foja es la
Nº 745; de entrada es muy interesante, ya se hipotetizaba entonces que Hitler
podría buscar refugio en la Argentina después del colapso alemán. Relata
algunos planes formulados para abandonar Alemania tras un vuelo de 7.373
millas, cosa posible para un Ju 390 o como pasajero privilegiado en un seguro
viaje en submarino.
No
se puede creer que ese alto oficial de los Servicios Especiales sea un
vidente, es obvio que tenía información detallada y que informó de esto a
los más altos niveles, tanto que de esta carta existe
otra rubricada con el Nº 456.
Estos
primeros cinco documentos están sembrados a lo largo de todo el expediente,
desde la primera foja a la última, sin respetar fechas o asociaciones de
hechos y la única impresión posible es que esto fuera hecho a propósito
para ocultar una relación posible entre ellas.
Lo
más llamativo es que en los documentos desclasificados no hay rastros de
ninguna investigación relativa a lo denunciado en los documentos citados.
Siendo impensable que éstas no existan, por cierto no fueron desclasificadas.
Otras
pequeñas informaciones se pueden rescatar entre las 745 fojas
desclasificadas, una es un recorte del Washington
Daily News del 18 de diciembre de 1957, foja Nº 279; un piloto dijo
que llevó a Hitler y a Eva a Dinamarca, información que resulta repetida en
un editorial de la revista Zig Zag publicada en Chile el 16 de enero de 1948,
lo más interesante de esta información es que ésta provoca dos días después
la publicación en el Diario Ilustrado de Santiago la aparición de un testigo
indirecto de la presencia de Hitler más de una hora después de su muerte
oficial frente a un avión jet, discutiendo y gesticulando con un grupo de
jerarcas y con una actitud para nada suicida.
El
último de los documentos del FBI relacionable con mi investigación está
fechado el 17
de setiembre de 1945; hay otra información que sigue fechada
13 de Noviembre.
En éste se hipotetiza como posible refugio la zona montañosa cerca de Córdoba,
donde una familia alemana, los Eichhorn le podía ofrecer refugio, este
apellido se relaciona, no tanto a un efectivo refugio en aquellos días sino más
bien a unas reuniones efectuadas con ellos posteriormente.
Estos
documentos referentes a las postrimerías de la guerra y hasta anteriores no
son los únicos en orden de tiempo, hay uno del 17
de febrero de 1955, foja Nº 245, en el cual la misma CIA, dirigida
por Allen
Welsh Dulles, pregunta al Bureau información relativa a un testigo
que había visto a Adolf Hitler en Buenos Aires un lustro antes, esta nota
documenta como después de diez años de la caída de Berlín todavía se
investigaba la ubicación de Hitler en la Argentina.
Si
los Estados Unidos tenían informaciones lo lógico es que también otros la
tuvieran. El jefe del BFV, Otto
John, había investigado en 1953 a los nazis que operaban en la
Argentina y había ventilado la presencia de Hitler en la misma, siendo él
dependiente del BND, también su jefe, Reinhard
Gehlen tenía que estar al tanto, y si los Servicios Secretos de
Alemania Federal se enteraron de algo también resultaría que los servicios
de Alemania del Este hicieron lo mismo, el jefe del MFS, Wilhelm
Zaisser, había recibido ya anteriormente una información parecida
desde el KGB.
En
síntesis, los más importantes servicios de inteligencia estaban enterados de
la presencia de Hitler en una zona específica de la Patagonia. El
conocimiento de esto habría sido una importante carta en el juego llevado
adelante en la primera década de la guerra fría. Se habría podido utilizar
a Hitler para parar una invasión soviética y ambos lados estaban interesados
en esta hipótesis de trabajo. Si puede parecer una hipótesis atrevida de
inteligencia, se necesita recordar el plan que pusieron en obra medio siglo
antes, a mitad de la Primera Guerra Mundial los Servicios Secretos del coronel
Nicolai usaron a los exiliados marxistas para sus fines bélicos, lograron
derrumbar al Imperio Ruso. Es un hecho documentado que a sueldo del IIIB
estuvieron Lenin,
Trotzki, Zinoviev, Kamenev y otros, incluyendo Kerenski en el otro bando,
entre los que jugaban un doble juego también se encontraba Stalin,
también a
sueldo, pero de la Policía Secreta del Zar, esta historia olvidada
remarca que no hay que confiar en la historia conocida escolarmente y más aún,
resulta evidente la posibilidad que Lenin-Trotzki como Evita-Perón, ambos a
sueldo de los Servicios Secretos alemanes, pasaron de títeres a titiriteros
adueñándose de sus respectivos países.
En
agosto de 1998 otros elementos se agregaron, otros testigos aparecieron en el
Valle del Río Negro, Eugenia Schaffer atestiguó que Hitler vivió y murió
en la Patagonia, que Boehme, Rudel y Mengele estuvieron presentes y que es
bueno que se sepa que Hitler no se suicidó en Berlín.
Aparecieron
también elementos que comprometerían en este sentido y en el de mi
investigación que el misterioso teniente piloto Boehme fue la pieza clave de
la evasión de Hitler, es impensable que este desconocido oficial estuviera
relacionado en la manera que lo estuvo. Aparte de recibir una visita y un
agasajo personal de Hitler en su casa por algo muy importante que hizo para él,
aparecieron, en las manos de Alberto Aragón, elementos indiscutibles; dentro
de una maleta, etiquetada
José Mengele,
se encontraban varias cartas dirigidas a Albrecht Boehme y rúbricas que
contienen muchos nombres importantes y de otros no tanto, pero conocidos
criminales.
En
las cartas sobresale la del general Walther
von Seydliz, fechada el 20
de junio de 1956, este general, que fuera conjuntamente a von Paulus
capturado en Stalingrado, escribe un año después de ser liberado por los
soviéticos una carta en la cual cita una próxima reunión en Córdoba con
nuestro amado y recordado camarada Hitler y hace referencia a lo que le
contaron otros camaradas, de lo linda que es la Patagonia del Führer.
No
necesita comentario y el documento está completo con su
sobre, fechado y firmado de puño y letra, como cada hoja de la carta.
Esta
reunión en Córdoba resulta por otra correspondencia mantenida por Boehme con
el general Heinrich Ashenbrener, fechada 17
de noviembre de 1956.
Entre
otra correspondencia resalta la de Franz
von Papen, quien a este ilustre desconocido de Boehme hasta le envía
sus afectuosos saludos.
Las
últimas confirmaciones de cuanto he expuesto se remontan a fines de 1998,
cuando una expedición noruega de la NTNU recorrió con un sonar de barrido
lateral el área de dunas sumergida frente a Caleta de los Loros. Repitiendo
el recorrido de las anteriores expediciones relevaron las mismas anomalías
magnéticas y tras analizar su trabajo, encontraron unas imágenes
digitalizadas sospechosas; dos figuras
paralelas que sobresalían
del fondo llamaron la atención, por su tamaño y forma resultaría
corresponder a las medidas del casco interior de
un U-Boote XXI no completamente cubierto de arena, estas imágenes
fueron relevadas unos 800 metros mar afuera del punto objeto de las anteriores
expediciones en donde yacería otro U-Boote completamente tapado por la arena.
Estas
pruebas indirectas confirmarían los memorandum del FBI de agosto y septiembre
de 1945, dos U-Bootes desembarcaron a Hitler en una aislada playa cerca de San
Antonio.
Agrego
que el 31 de marzo de 1998, Antonio Rivera solicitó
públicamente al gobierno de Alemania los derechos sobre los restos hundidos
frente a Caleta de los Loros, no es superfluo remarcar que su padre,
antifascista, era dueño en 1945 del único hotel de San Antonio, elementos
fundamentales a los cuales se hace referencia en los documentos citados
anteriormente para llegar y apresar a Hitler.
Pongo
punto final, en mayo de 1999, a mi investigación cuyo fin último fue el de
ofrecer otra versión histórica más sustentada sin compromiso de parte
alguno y adoptando la postura que asumiría un fiscal presentando un planteo
de revisión del caso Hitler, no acatando la sentencia fundamentada en una hipótesis
simplona y ofrecida espontáneamente por un puñado de SS.