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CAPITULO XXXI

 

En los años 1943/45 Bariloche era una pequeña villa en la falda de los Andes, la Escuela Alemana era la única institución privada del pueblo aislado en el medio de la Patagonia. En esos años fue edificado, a diez kilómetros del centro del pueblo, un cuartel, su función aparentemente no tenía sentido sino en la óptica de un accesorio necesario y complementario a Inalco, la torre Bustillo y San Ramón. El cuartel tenía una cuarta parte de las almas del pueblo y sus soldados llevando uniforme alemán por la calle principal y el Centro Cívico acentuaban la semejanza del mismo a un pueblo de los Alpes.

La pareja Eva y Juan Domingo Perón, tras casarse el 10 de diciembre de 1945, efectúa un rapidísimo cambio, la futura Evita no encaja todavía como primera dama, cuando a fines de febrero de 1946 su neo marido llega a la presidencia, pero en unos meses más ya entra en el rol, casi como una princesa, como dijo en mayo de 1946 News Week definiéndola como “la mujer detrás del trono”. Al año después, el entonces Monseñor Roncalli, futuro Juan XXIII, la comparó a la emperatriz Eugenia por su imagen recargada de joyas en ocasión de su visita a Europa, donde se encontró con varios personajes de derecha y de corte nazifascita como el general Franco, también se paseó lujosamente como una diva en los mayores centros turísticos como Portofino y Montecarlo. Lo más llamativo de este año y medio es el continuo cambio de imagen y peinado, casi buscando un molde que encontrará unos años después en 1949, interpretando la Evita que conocemos.

Eva Duarte de Perón y su gira europea de 1947 fue objeto, cincuenta años después en Ginebra, de investigaciones referente a movimientos de capitales y el mismo Simon Wiesenthal hizo llegar su voz al congreso que reunió expertos relacionados al llamado oro nazi y su lavado en Sudamérica. En referencia Wiesenthal apuntó hacia la Argentina y a la llegada allí antes y después de terminar el conflicto de cargamentos vía submarinos, pero sin explicar el motivo de los mismos. Yo agrego que estos no eran un misterio ya 25 años antes, cuando Enrique Pavón Pereyra, en su obra “Perón el hombre del destino”, hasta publicó un mapa donde aparecía como patente la llegada de los U-Bootes a la Argentina en el período 1943/45. Lo que Wiesenthal se olvidó de apuntar es a los aviones cuatrimotores Condor del I/KG 200 que cruzaban periódicamente el Atlántico con misteriosas cargas como lo denunciara con documentos Santander y cuyos pilotos entre otros que llegaron a la argentina fueron también Rudel y Hanna Reitsch.  

 

 

CAPITULO XXXII

 

En 1950/51 el personaje de Evita domina la escena, casi borrando al mismo Perón, sus discursos y sus actuaciones públicas quedarán en el recuerdo futuro, pese a que su actuación fue interrumpida por su enfermedad y muerte  en 1952. Murió por cáncer o por excesivas dosis de radiaciones? Desapareció de la escena en el momento más oportuno para Perón y la cúpula militar que no toleraban más su protagonismo, su libro seudo autobiográfico La razón de mi vida no hizo a tiempo de leerlo.

 

 

 

CAPITULO XXXIII

 

Perón tuvo mano libre y se lanzó a tiempo lleno en proyectos militares que  tenían que garantizarle superioridad tecnológica y militar en Sudamérica.

Sus asesores incluían al as de la aviación Hans Rudel, quien ya apareció presente en Bariloche  desde 1950 y que, tras el derrocamiento de Perón, volvió en 1974 cuando retomó el poder.

Otro personaje fue el general Galland, el jefe de los cazas a chorro, quien conjuntamente al ing. Tank, proyectista de la Messerschmidtt, empujaran el desarrollo del jet Pulqui, el tipo I era nada más la copia del Me P1101 que ya había volado en julio de 1944. El tipo II presentado al público en febrero de 1951 era también el desarrollo del Focke Wulf Fw TA183 de 1945.

En el IAME, Instituto Aeronáutico de Córdoba en 1954 fue probado también el Horten H X el prototipo no propulsado fue acarreado por el Ju 52 Patagonia, pero también este derivaba del desarrollo del Horten H IX que ya en 1945 acabó produciéndose como Gotha Go 229.

Estos proyectos para nada novedosos y que no progresaron fueron el prólogo de otro fracaso de Perón en el campo de la física termonuclear, el profesor Richter le prometió milagros tecnológicos que todavía hoy no se lograron, en Bariloche hizo construir un centro nuclear en la Isla Huemul de la cual quedan sólo las ruinas.

 

 

 

CAPITULO XXXIV

 

En los primeros años 50 en la Argentina ya se encontraban unos cientos de personajes que fueron clasificados como criminales de guerra, sobresalen el Dr. Joseph Mengele, el Angel de la Muerte del campo de Auschwitz, que fue ubicado en Bariloche ya desde 1949, y Adolf Eichmann detectado en 1950, el artífice de la solución final al problema judío, como eufemísticamente lo definían entre ellos, fue cazado desde allí por Iser Harel, el jefe de los Servicios Israelíes quien lo persiguió por diez años hasta su captura, el mismo año que Mengele, como cuenta Wiesenthal, todavía se encontraba en el pueblo andino.

No debe extrañar la presencia de nazis en la Argentina, tampoco 30 años después, en 1991 en el mayor periódico argentino La Nación aparecieron clasificados recordatorios de los aniversarios de Joseph Goebbels y Rudolph Hess.

 

 

CAPITULO XXXV

  

Mucho se habló respecto a Martin Bormann y su hipotética sobrevivencia y presencia en la Argentina, pese a que en 1972 fue encontrado un esqueleto atribuido a él en Berlín, sólo en 1977, tras un peritaje dental, fue identificado como perteneciente a la sombra de Hitler. El mito de Bormann no se derrumbaría aún, muchos investigadores lo necesitaban vivo en el período 1945/60. En la Argentina o en los países linderos, aparecieron varios falsos Bormann y hasta documentos atribuidos a él, como su supuesto pasaporte que apareció en Chile en junio de 1996, resultando inexplicables a todos los expertos en el tema las maniobras financieras y políticas postbélicas. Sólo el 4 de mayo de 1998, la moderna técnica del ADN y  de la dentina puso punto final a las dudas, Martin Bormann murió el 2 de mayo de 1945.

 

 

CAPITULO XXXVI

 

Se encontraría Hitler conforme de vivir en la falda de los Andes en Inalco u otras residencias precordillerana?

Por cuanto pude averiguar de su manera de vivir y exigencias físicas hay que contestar indudablemente que sí.

El modo de vivir que condujo en el período prebélico y bélico lo podía tranquilamente repetir en la Patagonia. Pasar horas mirando las cumbres nevadas descansar en cómodos sillones con su pareja, leer, su pasión, poniéndose los anteojos cosa que nunca hizo en público, también.

Su deseo de montaña es certificado por la casa que consideraba su hogar, el Berghof. La entonces Haus Wachenfeld fue alquilada en 1927, en el lustro que siguió se transformó en su residencia. En 1933 adquiere la propiedad, le cambia nombre y le agrega terraza y garaje, se conformó con esta típica casa de los Alpes bávaros sólo por dos años, la misma ya no era suficientemente representativa para el amo de Alemania, se parecía demasiado a una casa normal, con sus modestos desempeños, su pequeño estudio y un modesto cuarto para su amada.

Toma la rienda de la reestructuración, siempre quiso ser arquitecto, y empieza a construir alrededor de la vieja casa, agregando e improvisando; el resultado es un palacio ajeno al entorno por su arquitectura, más parece un hotel, el estilo transatlántico adoptado se refleja tanto en el exterior con ventanales gigantescos y techos de zinc como en el interior, donde un salón tamaño sala cinematográfica y estares se suceden en la planta baja. Alrededor surgen otras edificaciones complementarias, la casa de té y el refugio en la cumbre del Kehlstein, que tras la toma del Obersalzberg fue visitado por el general Eisenhower,  hoy es un concurrido mirador.

Cuando Hitler descubrió el Obersalzberg, tras su fallido putsch de 1923, fue a vivir cerca de la pensión Moritz, el lugar le fascinó, en el bosque lindero frente al establecimiento se encontraba la que sería su casa. También esa construcción fue agrandada convirtiéndose en el hotel Platterhof, allí se hospedaban los visitantes y se hacían reuniones importantes. Tras la caída de Alemania el edificio se convirtió en el hotel General Walker y el Obersalzberg en área de descanso para las tropas norteamericanas. 

Hitler y Bormann convirtieron el agreste Obersalzberg en un super cuartel construyendo una gran cantidad de edificios, incluyendo las Landhaus de sus íntimos. Tras el bombardeo del 25 de abril de 1945 que arrasó el área quedaron hasta siete años después las ruinas de su casa , las de Bormann y las de Goering, las más concurridas por procesiones de nostálgicos, esto hizo declarar, por los norteamericanos, el área como off limits.

Por unos meses más sólo los militares norteamericanos pudieron visitar las ruinas del Berghof, privilegio que duró pocos días, el 30 de abril de 1952 el Berghof fue volado para que no se convirtiera en un monumento y también fueron voladas casi todas las otras edificaciones.

Lo que queda hoy en día es el abandonado hotel General Walker y el Zum Turken, hoy un típico establecimiento turístico tirolés que fue sede de la Gestapo y lindero al asentamiento del Berghof. De la casa de Hitler no queda nada, su área de emplazamiento fue reforestada y tupidos árbolitos crecen en lo que fue el gran salón de la mansión, alrededor quedan los muros de contención y una parte de los muros de los garajes anexos, lo único intacto y visitable desde 1996 es parte de la kilométrica red de túneles y refugios que unía las edificaciones del Obersalzberg, cuyos accesos se encuentran en el bosque amurados, y que solo se pueden visitar accediendo por el hotel Zum Turken, donde una larga escalera  lleva a  local del generador, que era un poderoso Diesel de U-Boote y a otros locales vacíos.

El porqué de la elección de Hitler de vivir en el Obersalzberg y en la falda de los Andes hay que buscar más que en un gusto personal en una razón de salud. Necesitaba un microclima especial, como también casas especiales, sombreadas y frías; el mal de Basedow, un pequeño bocio en la base de la garganta es la única explicación plausible y posible para explicar su elección y su comportamiento temperamental.

En 1919 cuando ingresó como espía en la Gendarmería de Baviera, no escondía su cuello y menos aún la base de su garganta, desde 1927 en adelante, repentinamente, adopta un tipo de cuello en sus camisas muy alto, no era una moda porque los demás uniformados o no, no lo imitaban, desde entonces, sea en camisa parda, sea en guerrera o  en traje uniforme, el cuello de la camisa le llegaba a la papada que se apoya inusualmente en el mismo.

 

 

CAPITULO XXXVII

 

 

Como dijo Doenitz en 1943 los submarinistas estaban orgullosos de haber creado para Hitler un paraíso terrenal, en un lugar inexpugnable y en un punto alejado del mundo. Si este acierto era valedero en 1945 ya no lo era cinco años después, Bariloche ya no se encontraba en el fin del mundo, había comenzado a crecer, hubo mucha inmigración y definitivamente nacía como ciudad de vacaciones, tanto de verano como de invierno y muchos alemanes de dudosos antecedentes se habían radicado ya en ella.

Como contara el ex marino del Graf Spee Paulovsky, en los primeros años todo anduvo como en rieles, pero las cosas no siguieron lo proyectado y tuvieron que irse más al sur.

De la presencia de Hitler en la Patagonia recogí muchos testimonios, desde su aparición al pie del cerro Tronador de 3.554 metros, el más alto de la Patagonia, allí en Cholila fue visto en 1948 y la noticia publicada en la revista Ahora de febrero del mismo año. Cholila es famoso también porque allí queda la casa que construyeron Butch Cassidy y su asociado Sundance Kid, quienes en 1901 también buscaron cobijo en la Patagonia fugándose desde Estados Unidos donde eran buscados por asaltos a bancos y trenes.

En verdad la noticia más antigua de la presencia de Hitler se remonta a fines de julio de 1945, una mujer polaca, Brunislava Kitajgrodski, lo vio proveniente desde la costa y dirigiéndose hasta los Andes en el medio de la provincia del Chubut, el lugar se llama Alto las Plumas, entonces punta de rieles, allí llegaba un tren desde la costa y el caserío, además de la estación constaba más que otro en una posada-almacén y unas casitas más. Allí un convoy de autos paró para reabastecerse de bencina, todavía queda el almacén, la estación y los rieles fueron desmontados y quedan sólo los durmientes.

 

CAPITULO XXXVIII

  

Otros testimonio atendible es el de María Mafalda Falcón, enfermera profesional en Comodoro Rivadavia fue testigo de haber visto a Hitler en la cama de un paciente, no hay posibilidad de equivocación, ella misma en Europa más de diez años antes tuvo el dudoso privilegio de tener la misma experiencia en un hospital de campo de la Cruz Roja donde entonces militaba, estuvo a escasos metros del mismo hombre, sólo que en la última oportunidad no tenía los típicos bigotes, su pelo era canoso y estaba cortado a máquina; sólo la experiencia anterior referente a la voz, a las palabras pronunciadas y a la postura le permitieron reconocer inmediatamente quien era.

Reconstruí por computadora la apariencia de Hitler tomando como referencia la última foto que le tomaron el 21 de abril de 1945, es indudable que nadie en el mundo podría reconocerlo, sólo alguien que tuvo la oportunidad de verlo de cerca, que entendía alemán y que vivió aquella época podría haberlo hecho, y este es el caso de la Sra. Falcón.

Su experiencia dio ulteriores pistas que seguir y éstas me llevaron a unos 350 kilómetros desde la costa hacia una estancia precordillerana, allí, al límite con Chile, del pueblo fronterizo de Balmaceda se encuentra la estancia Valle  Huemules, en Lago Blanco, el caserío más cercano, recogí informaciones relativas a la estancia y sus moradores alemanes o suizos, entre ellos un mecánico con las características del ex marino Paulovsky que en los primeros años 50 residían en una mansión que ya no existe más porque se quemó completamente y fue sustituida por otra más modesta.

En mayo de 1997 otro anciano, Hernán Ancín, decidió hablar de su encuentro con Hitler, en 1953 varias veces se cruzó con él cuando trabajaba como carpintero en un edificio en construcción en Mar del Plata, su patrón era Ante Pavelic el caudillo nazifascista de Croacia, quien con muchos de sus fieles Ustachas habían llegado a la Argentina tras los buenos oficios de Evita y Perón, muchos llevaban un tatuaje que decía Libertad o Muerte. También don Hernán como las Sras. Brunislava y María Mafalda describió a Hitler como un hombre anciano, de pelo corto y canoso y sin bigote, y además, acompañado por una mujer, mínimo 25 años menor, regordita y de cabello claro.

 

CAPITULO XXXIX

 

Otra historia es la de Felisa Alsina, en 1957 trabajaba como empleada doméstica en la casa patronal de un alemán, Albrecht Boehme, que en Cervantes, un pueblo del Valle del Río Negro, era propietario de un campo frutal. En aquella fecha hubo una reunión de alemanes y a la misma participaron Hitler y señora. Todos los presentes estaban muy emocionados y entre lágrimas y levantar de brazos hubo una  recepción, agasajo del huésped por algo que hizo el patrón de casa a final de la guerra

El hombre en cuestión era un anciano que parecía pelado y sin bigote y su compañera una mujer regordita y de pelo claro.

Investigando al Sr. Boehme resultó ser un teniente piloto de bombarderos Condor del I/KG 200 y además su nombre resulta asociado a las andanzas del Dr. Mengele en 1960 por aquellos parajes norpatagónicos, en su chalet,  fue encontrada una tarjeta suya en la cual en el reverso con otro carácter quedaba impreso el nombre del Angel de la Muerte de Auschwitz.

Interesante resultó también su orígen, nació en México y al estallar la revolución y siguiente derrocamiento del presidente Huerta él y su familia tuvieron que huir abandonando todo, hecho es que el único barco que evacuó  los colonos alemanes y sus niños, embarcándolos en Tampico, fue el Dresden de Canaris y  ciertas conexiones con el almirante y sus planes son más que posibles.

Los cuatro testimonios aportados darían fe de los movimientos de Hitler en el arco de una docena de años a lo largo de la Patagonia, pero faltaba algo. Quise seguir la pista del mecánico Paulovsky en referencia a su última morada y esto me llevó hasta el extremo sur, cerca del monte Fitz Roy otra información me confirmó su deceso estimado en 1959 al cumplir los 70 años. El cuento del ex marino del Graf Spee, relataba que el fallecimiento de Hitler ocurrió en una propiedad cuya característica y propietarios coincidirían con el relato, el lugar es, como las dos residencias anteriores, casi fronterizo con Chile y los Andes, una propiedad también como las demás de excepcional belleza paisajística y conformada por una espectacular mansión, se  puede decir que los tres sitios objeto de mi investigación compiten entre ellos por el confort y la seguridad derivada del alejamiento increíble de su ubicación. La estancia Altavista se encuentra en una llanura entre las montañas y próxima al lago Argentino y al glaciar  Perito Moreno.

 

 

 

CAPITULO XL

 

Por último quiero agregar dos encuentros que tuve con los últimos nazis de relevancia que todavía viven en 1999 en la Argentina.

A ambos conté una síntesis de mi investigación, en Buenos Aires me encontré con Wilfred von Owen, amigo de Hanna Reitsch le pregunté en referencia a una foto de ella tomada en la Argentina en la cual aparece charlando con el embajador alemán von Thermann y un general argentino. Hablamos también de la hipótesis del investigador Gerald Postner, un convoy de cinco submarinos había llevado a Hitler a la Argentina, el anciano secretario de prensa de Goebbels cándidamente me respondió: No, eran tres.

En Osorno, donde me encontraba casualmente para fotografiar viejas casas  coloniales, en una concesionaria de auto me crucé con Hans Reinhart Maler,  ex oficial del ABWEHR y hombre de confianza por diez años del almirante Canaris; lo vi también en Bariloche, le pedí que me confirmara que Hitler no había fallecido en Berlín y se negó, le pedí entonces confirmarme la  muerte de Canaris en Flossenburg y me contestó: El sí.

 

  

                                 CONCLUSIONES

 

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