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CAPITULO XI

 

Testigo de la llegada del U-530 y del desembarque de sus tripulantes fue un publicista de origen húngaro Ladislao Zsabó, quien escuchó que el destino de su derrotero había sido la Antártida Alemana y, equivocadamente, hipotetizó una huida de Hitler hacia la Antártida, publicando el libro “Hitler está vivo”, donde hace referencia a una posible ubicación de Hitler en la tierra de la reina Maud, frente al mar de Weddel y rebautizada entonces Neuschwabenland, cuando el área fue explorada en 1938/39 por la expedición alemana del capitán Ritschter.

Zsabó se equivocó en su conjetura, si hubiese leído el libro “Nazis en el Uruguay” publicado en 1940 por el profesor Hugo Fernández Artucio, habría descubierto que sí existió un plan referente a la  Antártida Alemana, pero esta era nada más y nada menos que la definición usada para referirse a la Patagonia y que además esta misma información se había hecho  pública en New York desde  marzo 1939.

 

            CAPITULO XII

 

El 13 de diciembre de 1939 navega en la entrada del estuario del Río de la Plata un acorazado de bolsillo, una unidad modernísima para la época, tenía un armamento poderoso y una gran velocidad que le permitía competir con las obsoletas unidades de batalla que tenían un armamento superior. El Admiral Graf von Spee, de seis cañones de 280 mm y 12000 Tn de deslocamiento, hacía que su comandante Hans Langsdorff se encontrara muy satisfecho, hasta que fue rodeado  por los cruceros británicos Exeter, Ajax y Aquiles, empujado hacia el interior del estuario y si bien, dañado no gravemente, el comandante Langsdorff decidió erróneamente buscar cobijo en el puerto de Montevideo. Acorralado en el puerto uruguayo por más de un mes, resolvió, en la tarde del 17 de diciembre, salir del puerto y ordenó el autohundimiento de su acorazado volándolo con cargas explosivas frente a la ciudad. Los restos de 185 m de largo y 21m de ancho todavía quedan casi intactos apoyados en el fondo lodoso del Río de la Plata.  Los tripulantes se dirigieron hacia la cercana Argentina, el capitán se suicidó tres días después en Buenos Aires, donde fue sepultado y sus marineros fueron internados tras registrarlos en las oficinas de migraciones  del puerto .

  

CAPITULO XIII

 

El GOU, Grupos Oficiales Unidos, liderado por el coronel Juan Domingo Perón tenía como meta final asegurar la preeminencia de Argentina en América Latina, cuando se produjera la victoria esperada de Alemania, la que se descontaba como segura en ese entonces. El 3 de junio de 1943 un golpe gestado por el GOU derrocó al presidente de la nación Ramón Castillo y fue difundida al pueblo de la República Argentina una proclama conservada en la Biblioteca Nacional, donde se justifica el golpe de los coroneles que lo efectuaron como una salida impuesta en defensa de los sagrados intereses de la patria. Muy diferente en los contenidos de esta proclama es el texto de otra rubricada en el diario de la Cámara de Diputados chilena del 6 de abril de 1953 y leído allí en oportunidad de la visita al país trasandino del entonces presidente Perón.

Es una proclama de filiación nazi del justicialismo y dirigida, en mayo de 1943, a los camaradas auspiciando a la brevedad en la Argentina una dictadura inflexible de corte nazi y un programa para la conquista de sudamérica, al ejemplo del Reich Alemán.

 

                  CAPITULO XIV

 

El crucero liviano Dresden fue una moderna unidad para la época, alimentado en lugar de calderas por turbinas a carbón, fue botado en el astillero Blohm & Voss de Hamburgo el 5 de octubre de 1907, largo 118 m y ancho 13,50 m, era muy liviano, sólo 3650 Tn. Al estallar la Primera Guerra Mundial fue integrado a la escuadra del contralmirante Maximilian Graf von Spee, desde el Caribe donde se encontraba tomó rumbo hacia las aguas tropicales del Pacífico donde tenía que encontrarse con el grupo de von Spee, corto de carbón busca cobijo en el puerto patagónico de San Antonio a la espera de un reabastecimiento que sucesivamente efectuará en la bahía Guanaco, cerca de Cayetano Bucht, el área protegida de Cabo Dos Bahías que aparece como destino en la Bitácora del Dresden. Tras participar victoriosamente, el 1 de noviembre de 1914, en la batalla naval de Coronel,  frente a la bahía de Arauco en Chile, el mes siguiente participó marginalmente llegando último, el 8 de diciembre del mismo año, en la batalla naval de Las Malvinas o Falkland, donde el vicealmirante británico Sir Doveton Sturde hundió casi en su totalidad la flota al mando de von Spee, quien perecería conjuntamente a sus hijos Otto y Heinrich.

El Dresden entonces se fuga por los canales fueguinos rumbo al Pacífico,  donde se refugia perseguido por los cruceros ingleses en el fiordo Quintupeu, cerca del canal Cholgo en la X Región.

Su huida y el juego del gato y el ratón con los ingleses acabó el 9 de mayo de 1915 en el archipiélago Juan Fernández, en la isla Robinson Crusoe, el día 14, acorralado por los cruceros Glasgow y Orama, el comandante del Dresden, capitán de navío Fritz Emil Ludecke decide hundir su barco con la bandera desplegada en la bahía Cumberland. Toda la tripulación tomó tierra en la isla chilena. El capitán y sus oficiales y todos los marinos del Dresden fueron internados en la isla Quiriquina donde se acuartelaron en los bungalows de una escuela de grumetes en la base de la armada chilena en la bahía de Talcahuano.

 

 

CAPITULO XV

 

Los biógrafos de Canaris se equivocaron o pasaron por alto la historia de su huida épica cruzando el continente a la altura de los 41º de Latitud Sur. Desde Karl Heinz Ashagen a André Brissaud se evidencia un vacío que necesita rellenar. Fundamentalmente hay errores en el período en que huyó, que resulta documentado en un Informe Confidencial número 84 del 12 de agosto de 1915 y emitido por el Director General de la armada chilena referente a un informativo fechado 10 de agosto de 1915 remitido desde la isla Quiriquina por el teniente primero Eduardo Dueñas a cargo de los internados del Dresden.

También hay desinformación sobre la ruta que tomó, el entonces teniente Canaris se dirigió al sur en tren bajando en la estación de Osorno, donde fue recibido por el cónsul alemán Carlos Wiederhold Piwonka, esperó el fin del invierno austral residiendo en el pueblo habitado principalmente por colonos alemanes en 1915. Cruzó los Andes por el paso Puyehue que se encuentra a unos 100 km desde Osorno hacia el este,  a fines del invierno austral, cabalgando la senda que recorrían las caravanas comerciales de mulas que abastecían a los vecinos colonos alemanes de Argentina recién acentados en las riberas del lago Nahuel Huapi. Desde su  extremidad casi lindera con los Andes y la frontera chilena, embarcado  a bordo de un velero de carga de un colono alemán, cruzó los 100 km de lago hasta llegar al pueblo de San Carlos de Bariloche, fundado a fines del siglo anterior por el comerciante y entonces cónsul alemán de Osorno, quien lo ayudó para que también allí fuera asistido por otros alemanes, los Lahusen, quienes eran dueños de un almacén en el pueblo desde 1911 y  de otros en toda la Patagonia argentina. El barón Luis von Bulow, quien administraba la más grande estancia lindera del pueblo, la San Ramón, desde el 12 de marzo de 1915 hasta el 30 de agosto de 1918, hospedó a Canaris durante unas semanas.

En la primavera austral de 1915 Canaris recorre la llamada línea sur, desde la estancia San Ramón hacia el ferrocarril que tenía punta de riel en Ingeniero Jacobacci y de allí llegó en tren al puerto de San Antonio, donde empezó un largo y aventurero regreso a su patria; ingresando en el mundo del espionaje, participó en operaciones planeadas por el III/B que tenía oficinas en la sede del Estado Mayor alemán en Berlín y donde su jefe era el teniente coronel Wilhelm Nicolai.

 

  

CAPITULO XVI

 

Tras dos años como agente del Servicio Naval de Información, Canaris quiere regresar a usar el uniforme de oficial, quiere comandar un submarino, el más poderoso medio naval a disposición de la flota Alemana en la primera guerra mundial, cazar buques mercantes torpedeándolos y echar a pique los miles de veleros que todavía cruzaban los mares en esa época con un pequeño cañón de tiro rápido que tenían en el puente los U. Boote. Por eso hizo el curso de comandante en la escuela de Eskernforde, en la primavera de 1918 donde salió llevando prendida en su uniforme, además de la Cruz de Primera Clase, la insignia de los submarinistas. Recibió el mando de su primer submarino y empezó a operar desde la base austrohúngara en la bahía de Cattaro en el sur de la costa dálmata. A mediados de octubre al mando del UB128, tras un viaje venturoso, ingresó al Mar Báltico en los primeros días de noviembre, el 8 de ese mes once submarinos llegaron a Kiel enarbolando las banderas de combate, la guerra había acabado, pero la flota alemana allí atracada izaba la bandera roja de los marxistas y había manifestaciones. Canaris estaba indignado como sus amigos y capitanes de U-Boote. Doenitz al mando del UB68 y von Schmidt del UB106.

Una semana antes el coronel Nicolai había llegado secretamente a Kiel,  empezó a maniobrar la reconstrucción con sus métodos. Ya se había reunido con el mariscal Hindenburg y con el general Ludendorff para trazar planes a largo plazo. Alemania a fines de 1918 estaba casi al borde de una revolución, había dos bandos contrarios que se enfrentaban en las calles, la inflación se disparó como nunca en la historia de la economía de ningún país, no había comida y muchos vivían pidiendo limosna, el Káiser Wilhelm II había huido a Holanda con veinte baúles cargados de todo lo más preciado que pudo reunir. El joven Hitler al enterarse anotó en su diario que quería incursionar en la política; pero sus inicios fueron diferentes, para comer y tener un techo se alistó como agente informador del departamento político del ejército. El cabo Hitler en setiembre de 1919 recibe la orden de investigar el Partido de los Trabajadores alemanes, un puñado de personas que se reunían en una cervecería.

Un día, casualmente, viéndolo asistir le piden que dé un discurso y como cuenta Hitler, fue un relámpago y encontró su vocación, fue invitado a adherirse, lo hizo el 16 de setiembre, recibiendo su cédula de inscripción el 1 de enero de 1920 con el número 83.

           CAPITULO XVII

 

Nicolai seguía su plan de refortalecer Alemania con entramados secretos y medios políticos, empujando  desde la sombra a Hitler y su partido. Paralelamente, hacía lo mismo con su pupilo, Wilhelm Canaris, el que seguía en su doble rol de agente y marino; comandante del Scharnhost, acorazado escuela de la Kriegsmarine observa los movimientos políticos que todavía no lo tocaban personalmente.

La muerte de Hindenburg en 1932 y las maniobras de Nicolai anteriores, cuando von Papen era canciller y el NSDAP recibió subsidios secretos que fueron decisivos para permitir a Hitler triunfar, como también las maniobras posteriores de su maestro hicieron temer a Canaris que los vencedores de 1918 no hubieran tolerado que tras del último canciller von Schleicher asumiera Hitler en enero de 1933 y  que desde la central de los nazis en Munich, la Casa Parda Hitler tomara la rienda de Alemania, mudándose a Berlín a la cancillería del Reich.

Dispuso entonces Nicolai, y Canaris fue nombrado el 1 de enero de 1935 jefe de los Servicios Secretos instalándose también él en Berlín en la sede del  ABWEHR, los años que siguieron no fueron fáciles para el almirante, en febrero de 1944 fue alejado del ABWEHR por presiones de las SS y fue designado para un cargo que tuvo que ver con el desvío de dinero hacia el exterior y con la implantación de empresas en países neutrales, hasta el 20 de julio de 1944.

En Rastenburg se atentó contra Hitler, un maletín explotó  bajo la mesa de conferencia del cuartel de mando. Hitler salió milagrosamente ileso, si bien sus pantalones quedaron hechos jirones, desde entonces la estrella de Canaris declinó rápidamente. Fue detenido pero no enjuiciado ni juzgado, Canaris sabía demasiado, quedó en el limbo, un preso de lujo.

 

  

CAPITULO XVIII

 

Desde febrero de 1945, las cosas se pusieron peor, Canaris fue enviado al campo de concentración de Flossenburg, ya estaba desgastado por una década de intrigas y por los meses de cautiverio. No existe documentación de este período, cierto es que la cúpula de la SS lo presionaba con interrogatorios infructuosos. El mismo jefe de la RSHA Ernest Kaltenbrunner se encontró a fines de marzo con él, quería saber algo que Canaris no reveló, un secreto que le había salvado la vida hasta entonces. Confiaba en que las fuerzas armadas de Patton que se estaban acercando lo liberaran, pero por orden expresa de Hitler, quien nunca formalmente lo acusara de nada, fue ejecutado el día 9 de abril cuando la tercera armada norteamericana se acercaba a Flossenburg. El arquitecto del faraón tiene que morir para que los secretos de su oficio nunca sean conocidos. Con su muerte los secretos de Canaris habrían ido con él, pensaba Hitler, y se equivocó.

Canaris había hablado de algo muy secreto referente a Hitler con el padre Sicher un año y medio antes; el cura, además de ser uno de sus agentes V era su amigo desde décadas, y Canaris, como buen católico, pensó que lo contado era de considerarse un secreto confesional, pero para el padre Cornelio eso fue una simple confidencia, no hubo confesión canónicamente hablando.  

 

 

CAPITULO XIX

 

El teniente Max von Schmidt internado en la isla Quiriquina con Canaris, tras la huida del mismo también huyó al año siguiente, el 19 de octubre de 1916. Escondido también él por el cónsul alemán Carlos Wiederhold en las afueras de Osorno prepara con otros oficiales y marineros fugados de varios lugares de internación la ejecución de un ambicioso plan de huida masiva, regresar a Alemania con un barco a vela abandonado en la isla de Chiloé por un armador alemán.

Era el Brick Tinto, un barco de 70 años y 55 metros de eslora, en él se embarcaron ocho tripulantes del Dresden, dieciseis cadetes del buque escuela Herzogin Cecilia y cuatro marineros del vapor Gottingen. El 28 de noviembre zarparon con la ayuda de los colonos alemanes de la X Región de Chile.

Se dirigieron al sur del Pacífico, cruzaron el Cabo de Hornos y remontaron el Atlántico, enarbolaban la bandera alemana, no tenían miedo de la armada inglesa. Fueron protagonistas de una hazaña increíble.

El 31 de marzo de 1917, tras cuatro meses de navegación, habían recorrido doce mil millas sin cruzarse con nadie y alcanzaron el puerto de Trondheim en Noruega, una historia olvidada pero una épica empresa en los anales de la vela.

                  Tras volver a Alemania, por su linaje, von Schmidt recibió una invitación del Kaiser                   Guillermo II para compartir una cena y a los pocos días, tras reencontrarse con sus                    compañeros del Dresden que se habían fugado anteriormente, entre ellos Canaris,                    ingresó a la escuela de submarinos y egresó como capitán.

Comandó el UB106 con el grado de Kapitanleutnant, tras el derrumbe de Alemania, regresó a Chile y en 1920 se casó con una señorita alemana que había conocido cuando se encontraba internado.

Dieciocho años después, en febrero de 1938, llega de visita a Chile el crucero escuela Schlesien, su comandante, que había sustituido a Canaris en 1934, era otro compañero del Brick Tinto y del Dresden, el capitán de navío  Friedrich Fleisher. Este encuentro le cambiará la vida de terrateniente, cual fuera la suya desde sus orígenes hasta entonces.

En 1941 von Schmidt regresó a Alemania, en un increíble viaje, vía Japón y rodeando Siberia llegó a Kiel; ascendido a Korvetencapitan en 1943 asumió el comando de la VIII flotilla de submarinos con base en Danzing, cargo que mantuvo hasta abril de 1944.

A partir de este entonces desaparece y vuelve a las tierras de su familia en Alemania en 1955, años misteriosos considerando las conexiones con Canaris y Doenitz, ambos amigos y compañeros desde  Eskernforde y su experiencia en el cono sur de América, incluyendo el dominio del idioma español . 

 

 

CAPITULO XX

 

De la tripulación del Graf Spee que quedó internada en la Argentina y que constaba de 1055 marinos, repartidos en varios campamentos como el de Sierra de la Ventana, el de la Cumbrecita, el de Forencio Varela y otros, la mayoría de los oficiales y suboficiales calificados se fugaron, 6 capitanes, 21 tenientes, 3 alferez y 34 suboficiales de alto grado.

Casi la totalidad de los fugados volvió a la brevedad a Alemania y como ocurriera en la Primera Guera Mundial con los hombres del Dresden, se alistaron en los submarinos.

La vida en los campamentos no era para nada mala, parecían acuartelados en Alemania y gozaban de mucha libertad, demasiada, podían salir a voluntad, tal es así que muchos encontraron pareja en los cinco años de internación y se celebraron 285 matrimonios.

Otros 182 marineros y suboficiales de rango intermedio se fugaron en el mismo período. En febrero de 1946 fueron repatriados los que no habían huido, 811 hombres, quiere decir que una cuarta parte de la tripulación se había fugado. Se estima que más de 60 se habían  escondido en la Argentina y, en la clandestinidad, operaron a las órdenes de los que cumplían la función de jefe del ABWEHR en la Argentina, como en su oportunidad el agregado naval de la embajada, capitán Niebuhr, quien convocaba sin medio término con notas a los sujetos que necesitaba.

En varios de los relatos documentados de desembarques clandestinos en el período bélico y en su postrimería, aparecen marinos del Graf Spee indicados con nombres y apellidos, como Alfred Scholz y Willy Brennecke, nombrados hasta en Le Figaro el 1 de setiembre de 1970 en referencia al desembarque de un misterioso cargamento llegado a una playa argentina a fines de julio de 1945.

Quien los mandaba, en estas tareas, era el oficial de más alto grado, tras el suicidio del capitán Hans Langsdorff, su vice Walter Kay, segundo comandante del acorazado, el único alto oficial que no se fugó.

Muchas cosas de las que ocurrieron en la Argentina en el período bélico tienen una explicación en la investigación realizada por el político y parlamentario argentino, Silvano Santander, quien había sido integrante de la Comisión de investigaciones sobre las actividades antiargentinas de los nazis  desde 1939.

Tuvo que autoexiliarse en Uruguay, con sus denuncias se jugaba la vida quedándose. Había publicado un libro semi desconocido titulado: Nazismo en Argentina, la conquista del ejército investigando los eventos golpistas del período 1943/1945. Publicó en Montevideo otra obra polémica y poco conocida en julio de 1953, cuando todavía Perón se encontraba en el poder, Técnica de una traición. Juan Perón y Eva Duarte agentes del nazismo en la Argentina, libro muy raro  que publica fotos de documentos Top Secret encontrado en Berlín tras su caída y que comprometía, entonces, muchísimos personajes que tenían las riendas de Argentina, además de atacar el sagrado nombre de la difunta Evita y a Perón, presidente de Argentina que de coronel se había ascendido a teniente general de Golpe en Golpe.

Tras la caída y huida de Perón en 1955 Santander fue embajador en España y colaboró con Simon Wiesenthal desde 1958, época de creación de su centro de documentación.

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